27.3.11



Y estas cuatro paredes vacías, frescas, simples. Quieren gritar. Me lo piden cada vez que las miro. No aguantan más. Pocos segundos. Explotan. Y me encuentro gritando con ellas. A toda voz. Gritos que no se entienden. Nadie los entiende. Solo nosotras. Ellas cuatro y yo. Se asoman de a poco los ojos curiosos de aquellos que intentan comprender lo que pasa dentro -de mi-. Pero no lo logran. Se deprimen. Se retiran. Y volvemos a quedarnos solas. Bajamos el tono de a poco. Quedamos en silencio. Tranquilas. Lo logramos. No hay mas. Sonrío. Ellas lo hacen también. Aumentan. Y llegamos a las carcajadas, casi sin poder respirar. Nos reímos de vos. De mí. De todos. Sin preocupaciones. Termina la fiesta. Un suspiro. Volvés a lo que sos. Vuelvo a lo que soy. Una delirante. Usando sus cuatro paredes como escenario. Como cielo. Donde se deja atrás hasta la vergüenza. Y solo queda lo mejor. Día a día. Lo mismo. Tan distinto. Y al final. Un silencio.
Y sentada,
YO..


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